domingo, 25 de diciembre de 2016

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el amor según Octavio Paz

Dante Alighieri lo definió como la fuerza motora que impulsa al mundo. El pintor expresionista Marc Chagall se refirió a él como uno de los colores que integra la acuarela del artista. Y así podrían continuar las referencias, las alusiones o las similitudes, pero lo cierto es que el amor es uno de los temas que más expresiones ha provocado durante la historia de la humanidad y aún no concluye.



Sin embargo, cuando Octavio Paz intentó responder acerca de la naturaleza del amor su respuesta dejó atónitos a los críticos, boquiabiertos a los intelectuales e incrédulos a sus detractores; nadie había comprendido. Su respuesta estaba escrita con total minuciosidad en el ensayo “La Llama doble”, publicada en 1963, luego de haberla fraguado un millón de veces en su pensamiento desde 1965, cuando concibió la idea por primera vez.



Reconocido por ser un excelente ensayista (la obtención del Premio Nobel en 1990 destaca esta faceta de su labor; tan loable como su producción poética, contenida en más de una decena de textos), Octavio Paz se valió de la Antropología, Psicología, Literatura e incluso Historia en el texto que él mismo considerara el más ambicioso de todos los que escribió.
En su libro, Paz aborda la sexualidad como el rasgo más animal del hombre. El erotismo, por otro lado, es la expresión humana que se refleja en rituales, conquistas, ceremonias y convenciones sociales. Mientras que el amor es la suma de sexualidad y erotismo, colmada e elementos mágicos que están más allá de la comprensión humana.



«Según el Diccionario de Autoridades la llama es “la parte más sutil del fuego, que se eleva y levanta a lo alto en figura piramidal”. El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y éste, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida…»
De acuerdo con Paz, el hombre sólo puede amar a otro ser humano. El resto de los afectos como la patria, la religión y los lazos familiares son apenas amores “incompletos” en donde la atracción carnal no está presente y por eso no es un amor genuino.
“El amor está compuesto de contrarios que no pueden separarse y que viven sin cesar en lucha y reunión con ellos mismos y con los otros. Estos contrarios, como si fuesen los planetas del extraño sistema solar de las pasiones, giran en torno a un Sol único. Este Sol también es doble: la pareja…”


El eterno conflicto es uno de los rasgos del amor. Al igual que la contraposición complementaria de la que participan sus protagonistas. Seres distintos completados en el tercero que forman cuando están juntos. Al respecto, el también Nobel de Literatura, José Saramago, escribió en su novela “Todos los nombres”, que todas las relaciones de pareja contienen en sí misma a tres participantes y no sólo a dos como se piensa comúnmente.

Pero el amor no se limita al mundo de lo intangible, el concepto está determinado socialmente. Se trata de un acuerdo implícito en el que dos personas convienen un deseo de exclusividad que puede responder a un afán de posesión de esa persona y nadie más. Superar ese estadio, en el que la posesión se vuelve un rasgo destructivo del amor, la entrega desinteresada figura como lo único que puede mantener a flote una relación basada en el amor honesto.



La fidelidad fue otro de los rubros que contempló Octavio Paz. En ese sentido, detalló que es un acto de voluntad consciente entre los dos amantes. La infidelidad supone una falla, una falta de verdadero interés en el que las dos personas son capaces de justificarse de mil y un formas, pero la conclusión siempre será la misma: no existe la tensión pasional con fuerza suficiente como para mantenerse fieles el uno con el otro.



“El infiel es insensible o cruel y en ambos casos incapaz de amar realmente. Si la infidelidad es por mutuo acuerdo y practicada por las dos partes –costumbre más y más frecuente– hay una baja de tensión pasional; la pareja no se siente con fuerza para cumplir con lo que la pasión pide y decide relativizar su relación. ¿Es amor? Más bien es complicidad erótica. Muchos dicen que en estos casos la pasión se transforma en amistad amorosa. Montaigne habría protestado inmediatamente: la amistad es un afecto tan exclusivo o más que el amor. El permiso para cometer infidelidades es un arreglo, o más bien, una resignación…”

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