domingo, 12 de marzo de 2017

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Frases eróticas de amor que provienen de los mejores libros


Las palabras “encienden” a los lectores.
Una historia es capaz de agitar su imaginación y su respiración; puede llevar a experimentar un paroxismo mental así como sexual. Una buena novela erótica hace descubrir oscuras pasiones que el lector creía dormidas o inexistentes. Puede ser un catalizador sexual tan provocativo como ver un hermoso cuerpo desnudo: al igual que a éste, a un libro se le admira con la mirada, se le desea con la mente y se le siguen las formas de manera compulsiva y amorosa.
Multitud de escritores de todos los géneros y tendencias han experimentado con el erotismo para descubrir una nueva manera de ver el mundo. A continuación podrás leer una selección de ardientes frases extraídas de grandes obras de la literatura universal que nos deleitan con el exquisito juego sexual y romántico contenido en ellas. Acomódate bien, que aquí inicia un fogoso encuentro literario con tus bajas pasiones:   
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“El amante“ (1984) Marguerite Duras

Me habla, dice que enseguida supo, ya desde la travesía del barco, que yo sería así después de mi primer amante, que amaría el amor, dice que ya sabía que le engañaría y que también engañaría a todos los hombres con los que estaría. Dice que, en lo que a él respecta, ha sido el instrumento de su propia desdicha. Me siento feliz con todo lo que me vaticina y se lo digo. Se vuelve brutal, su sentimiento es desesperado, se arroja encima de mí, come los pechos infantiles, grita, insulta. Cierro los ojos a un placer tan intenso. Pienso: lo tiene por costumbre, eso es lo que hace en la vida, el amor, sólo eso.
“Rayuela” (1963) Julio Cortázar

Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo…


“El rapto de la bella durmiente” (1996) Anne Rice


Sus pechos se tiñeron de rojo. Y mientras él introducía su órgano en ella, sintió que se estremecía con un indeseado placer. La mano del príncipe sobre su boca amortiguó el grito que salió de su garganta mientras ella volvía a estremecerse de tal modo que casi parecía que lo levantara sobre la cama.
“Lady Chatterley “ (1928) D. H. Lawrence



Y ella se estremeció y sintió cómo se diluía su mente. Olas cortantes y suaves de un placer indecible parecían recubrirla mientras él entraba en ella y comenzaba el curioso frote fundente que se ampliaba y ampliaba y la llevaba al último extremo con el empuje último y ciego.
“Lolita” (1955) Vladimir Nabokov



Ella llevaba una camisa a cuadros, blue jeans, zapatillas de goma. Cada movimiento que hacía en las salpicaduras de sol punzaba la cuerda más secreta y sensible de mi cuerpo abyecto.
“Cartas de amor a Nora Barnacle” James Joyce

8 de diciembre de 1909. Dices que a la vuelta me vas a chupar y quieres que lama tu sexo, pequeña pícara depravada. Espero que alguna vez me sorprendas durmiendo vestido, me asaltes con un destello de puta en tus soñolientos ojos, me desabroches con suavidad, botón por botón en el vuelo de mi trusa, y saques gentilmente la gruesa fusta de tu amante, la escondas en tu boca húmeda y la mames hasta que dura y erectísima acabe en tu boca. Algunas veces también te sorprenderé dormida, levantaré tu camisón y abriré suavemente tus bombachas calientes; suavemente me recostaré y comenzaré a lamer con placidez alrededor de tu sexo. Te agitarás incómoda, entonces lameré los labios del sexo de mi querida.


“Fanny Hill” (1748) John Cleland


Por mi parte me sentía transportada, confusa y fuera de mí: aquellas sensaciones tan nuevas eran demasiado para mí. Mis sentidos, enardecidos y azorados, eran un torbellino que me robaba toda libertad de pensar; lágrimas de placer corrían a borbotones de mis ojos, apaciguando un tanto las llamas que me abrasaban por todas partes.
“Las edades de Lulú (1989) Almudena Grandes

Apenas un instante después, todas las cosas comenzaron a vacilar a mi alrededor. Pablo se apoderaba de mí, su sexo se convertía en una parte de mi cuerpo, la parte más importante, la única que era capaz de apreciar, entrando en mí, cada vez un poco más adentro, abriéndome y cerrándome en torno suyo al mismo tiempo, taladrándome, notaba su presión contra la nuca, como si mis vísceras se deshicieran a su paso…

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